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Rated: 18+ · Interactive · Adult · #1940169
Historia para la comunidad de "El gainer"
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Chapter #6

La muerte de Alex

    by: Unknown
El verde reinaba sobre la pradera soleada. En lo alto de una colina, calle arriba, estaba el parque en el que unos niños se divertían. Eran tres y de distinto tamaño: uno alto y delgado, otro rechoncho y algo bajo, y un último ni robusto ni flaco. El primero parecía más serio o pensativo, el segundo tenía una mirada de ingenio inocultable y el tercero parecía más afable, naturalmente más divertido. Sin duda parecían buenos amigos. Sin duda se perseguían con esas ramas sucias en sus manitas, tal vez imaginando que son armas de fuego y ellos son policías y ladrones. El ladrón era aquél redondo listo. O eso podría pensarse.

-Yo tengo robada una piedra- decía el de rostro rosado y cabello castaño, -y tiene escrito un secreto que me da poderes, me hace invisible y no pueden atraparme así.
-Cállate gordo- replicaba el que parecía más apuesto, -eso lo estás inventando.
-Si quieres tener mis poderes, ¡quítamela!-, le respondía su rechoncho amigo.
-No es cierto, no la tienes- dijo, por fin, aquel silencioso y delgado muchacho, luego de considerar profundamente las palabras de su ingenioso compañerito.
-¿Cómo sabes que no la tengo, popotes?-, contestó furibundo el más redondo.
-Lo estás inventando.
-¡Y tú que me haces caso!-, resongó divertidamente y todos rieron.
Siguieron persiguiéndose un buen rato al rededor de los juegos en el primaveral parque.

Pero la primavera pareció durar poco. Miré hacia el cielo y como caballos apocalípticos acechaban amenazadoramente cumulonimbus tan negras como el humo de una locomotora al viento. La pradera se oscurecía en cuestión de segundos mientras los niños se divertían sin sospechar de la tormenta en ciernes.

Al primer estruendo del rayo, la tierra se sacudió violentamente y yo caí junto al pasamanos y mis compañeros de juego se perdieron de mi vista tras la rueda giratoria. Un grito al otro lado de la rueda cimbró el suelo y al incorporarme sólo pude ver cómo, sin temblor alguno, Alex, mi amigo gordito, caía en un pozo recién abierto en la tierra. Sin darme cuenta estaba abrazando a Pedro, que chillaba de terror: el otro desaparecía en lo oscuro y profundo.

El trueno de la tormenta me despertó de este terrible sueño. Eran casi las seis de la mañana cuando en un grito ahogado me incorporé en automático, sintiendo el frío de mi sudor, pensando en primera instancia que debí de haberme mojado con el agua que caía afuera. "Tonterías" me respondí para calmarme, he estado guarecido en mi habitación toda la noche; "fue ese maldito sueño de nuevo".

A la mañana siguiente, sabía que se oficiaría misa, por la muerte de mi querido amigo Alex. Habían pasado dos días desde la alarmante llamada que hice a Pedro y hoy serían los servicios fúnebres para despedirnos de aquel a quien la sospecha cubrió sus últimas horas.

No pude recuperar el sueño así que dirigí mis fuerzas a secarme el sudor en el baño y tratar de asosegar el miedo y la tristeza que bullían en mi pecho y mi estómago. Sin lograr cambio alguno, desistí de los intentos racionalizantes por recobrar la calma y me quedé meditando en automático en el sueño y mi gordito amigo. Mi cuerpo se volvió como un robot al que sólo le dejan las funciones mecánicas para cumplir su propósito: mantenerme con vida.
Nada pareció distraerme de mi ensimismamiento hasta que fijé la mirada en el color blanco que se escurría lentamente como leche por la alargada y estrecha ventana del mi estudio. Me recordaba la soledad que sentía por la pérdida y una casa tan vacía como mi interior en esos momentos. Fue como si de golpe, limpiando al sueño de sus elementos fantasiosos, se liberara un recuerdo. Pedro, Alex y yo jugando en el parque comunitario, persiguiéndonos, y Alex hablando de su piedra mágica. Sí, esa era la clave. Una piedra.

Me vestí para salir al jardín delantero de la casa y decidí dirigir mis pasos a ese viejo parque... Tal vez ya no exista (la ciudad pudo habérselo tragado y rellenado de concreto), pero qué más da. Ese bribón no se saldrá con la suya. Me pregunto si valdrá la pena el viaje; ¿qué encontraré en ese parque?

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1. La carta

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