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Ash Ketchum quiere ser dominado por los pies sudorosos de sus amigos Goh y Chloe. |
Una noche otoñal se abrió con un ruido húmedo, como de cachetada. Sonaba como si los panqueques estuvieran cayendo del cielo y estampándose contra el concreto. Pero si uno miraba a su alrededor, no encontraba tal locura. En cambio, en uno de los amplios senderos de la región Kanto, andaba una chica de pelo rosa con zapatos abiertos. Vestía una camiseta amarilla y jeans holgados que apenas cubrían sus pies, con sus uñas sin pintar a la vista de cada hombre y Pokémon. En cada pie lucía una sandalia café con correas plateadas. Sus diez dedos brillaban bajo la cálida luz del atardecer. «No sé si estoy lista para esa cosa rara de los pies de la que Ash está hablando», pensó. Mientras la adolescente se dirigía al punto de encuentro, un chico de piel más oscura se acercaba desde otra dirección. Llevaba su atuendo típico: una chaqueta gris, pantalones negros, calcetines rojos y tenis oscuros. A diferencia de la chica, se movía rápidamente, teniendo que limpiarse constantemente el sudor de la frente. —Hasta cuando hace fresco, sigo aquí asándome como pavo —suspiró. En el lugar importante, el mismísimo Ash estaba sentado, frotándose los dedos. Ya había montado una tienda de campaña para ellos, y se había asegurado de que estuvieran cómodos. Después de todo, el ambiente podría tensarse una vez dentro de ese espacio. Él se imaginaba a sus amigos sentados y descalzos, dándole una vista de sus plantas. Tal vez Chloe sería tímida; tal vez Goh estaría confiado. Pero ¿qué tal si reaccionaban al revés? Ash tendría que replantearse cómo introducir apropiadamente el tema. En las últimas veinticuatro horas, su cerebro tuvo que trabajar más de lo usual para planear el escenario perfecto. —¿En serio tenía que ser afuera? —La voz masculina hizo que las orejas de Ash se levantaran—. ¿No se podía hacer esto en tu casa? —No sería lo mismo si no estuviéramos completamente solos. —Ash se levantó de un salto y abrazó a Goh, tomándolo por sorpresa. Aunque no era la primera vez que los chicos se tocaron así, los ojos azules de Goh se agrandaron por lo apretado que Ash lo abrazaba. Juraría que sentía su pene rozándolo a través de sus pantalones. —Vaya… Ash, sonriendo, finalmente lo soltó. —Hueles mucho a sudor. —No te sorprendas cuando fue tu idea hacerme caminar hasta el medio de un bosque. —Cuando llegue Chloe, podemos entrar en esa tienda y… —Ash se dio la vuelta y se encontró a un cuerpo de distancia de la chica del momento—. Y ya llegó. Chloe soltó un grito ahogado cuando Ash la atrapó en otro abrazo fuerte. Su pecho estaba presionando con fuerza contra sus pechos, como si intentara reventar dos globos llenos. Y el ojo de ella se contrajo cuando oyó que la olfateaba. —Mmm… —Ash se relamió—. Los dos huelen a sudor. Qué bueno. —¿Bueno? —tartamudeó Chloe, mirando a todos lados. Cuando sus ojos finalmente se fijaron en Goh, lo único que hizo fue encogerse de hombros. Chloe tembló—. ¿Gracias, Ash? Ash se apartó, con el corazón acelerado. La visión de sus compañeros cubiertos de sudor de la cabeza a los pies le puso una sonrisa nerviosa en el rostro. Sus ojos fueron especialmente atraídos por los dedos expuestos de Chloe, que estaban tan sudados que podía escuchar el chapoteo del agua salada entre ellos cada vez que se movían. Las mejillas de Chloe se enrojecieron, y ella comenzó a poner un pie detrás del otro. —Perdón —dijo Ash—. Es que nunca te imaginé usando sandalias. —Deliberadamente traté de que mis pies no sudaran hoy. —Chloe se rascó la axila—. Fue un intento. —Me gustan. Son bonitos. —¿Alguna vez habías halagado la ropa de una chica así? —le preguntó Goh, riendo entre dientes—. De todas las cosas que pudiste haber escogido, halagas sus sandalias. —A ti también te quedarían bien —respondió Ash, esperando que a Goh se le cayera la mandíbula. Una vez que sucedió, pinchó la tienda—. ¿Entramos? La tienda era lo suficiente grande para que cupieran los jóvenes, aunque el espacio era limitado. Había un tapete extendido sobre la hierba, y también algunas almohadas que Chloe inmediatamente aprovechó para sentarse. —A descalzarse —dijo Ash, desatándose sus tenis negros. Sin calcetines, sus pies saludaron de inmediato a sus amigos. Goh hizo una mueca, temiendo el olor que podría surgir ahora que estaban en un espacio reducido. Sin embargo, su deseo de terminar con esto lo animó a descalzarte rápidamente. Pero mantuvo sus calcetines rojos puestos, con las plantas manchadas de negro y marrón. Chloe esperó a que terminaran antes de descalzarse. Empujó sus sandalias a un lado y se sentó con las piernas cruzadas. Como resultado, todo lo que los chicos vieron fueron sus uñas largas. «Definitivamente no quiere que veamos las plantas de sus pies», pensó Ash, dejando escapar un suspiro audible. Los primeros momentos estuvieron llenos de miradas silenciosas. Las palabras se negaban a salir de los labios de nadie, y la verdadera comunicación se producía a través de sus ojos. La concentración de Chloe era firme, la de Goh intensa y la de Ash inconsistente. —Es tu reunión —le dijo Goh a Ash, chasqueando los dedos—. ¿Empecemos? Ash asintió, respirando hondo un par de veces. No importaba cuán lentas fueran estas respiraciones, su corazón amenazaba con salirse del pecho. —Últimamente han notado que me concentro más en sus pies. No tiene caso que finja que no se han dado cuenta. —Un simple «lo siento» hubiera bastado, ¿sabes? —dijo Goh—. No era necesario traernos hasta aquí. —Quisiera ser más abierto con ustedes. Cuando mencioné que tenga esta cosa con los pies, lo que realmente quería decir es que tengo un… fetiche de pies. Goh simplemente se rascó la cabeza, pero la cara inexpresiva de Chloe insinuaba que tenía varios pensamientos corriendo por su mente. —Ash, no me apunté para ser científico —se quejó Goh. —¿Así que tú tienes una adicción a los pies? —preguntó Chloe. —¿Cómo? —Ash se quedó atónito—. ¿Sabes de esto? —Sólo que los términos combinados significan que uno se siente atraído por los pies. Más allá de eso, sólo podría adivinar lo que implica un fetiche de pies. —Miró a Goh—. Piensa en un fetiche como una obsesión. —Ah, ya le entiendo. —Él sonrió con picardía—. ¿Entonces por eso has estado tratando de hacerme cosquillas en los dedos? Con el hilo ya desenredándose, Ash se aseguró de evitar que se tensara. Tomó un sorbo de agua y se obligó a ver cuánto tiempo podía hablar sin necesidad de hacer una pausa. —Chloe lo simplifica, pero sí, me gustan los pies. Especialmente sus pies. Les pedí que vinieran aquí porque quería saber si estarían de acuerdo con que jugara con ellos. Para que quede claro, me refiero a cosas como olerlos o besarlos. Si no quieren, está bien. Sólo les pido que mantengan esto entre nosotros, porque sería muy vergonzoso si se supiera. Chloe y Goh ahora tenían expresiones igualmente perturbadas, siendo la de Goh la más sorprendida. El suspense apuñalaba a Ash como un cuchillo. Esperar a que alguno de los dos dijera sí o no a su respuesta no debería haber sido tan tenso, y sin embargo su compostura se rompió lentamente. Sus ojos empezaron a divagar, su cuerpo empezó a temblar y ahora estaba sonrojándose. Todo lo que sus amigos podían hacer era mirarse entre ellos. —Bueno, ya entiendo —dijo, intentando mantener el tono positivo en su voz—. Les daré… —Te lo permitiré. —¿Qué? —Ash y Chloe miraron a Goh con cara de confusión. —Para algo tan estúpido como esto, no deberías sonar como si estuvieras hablando de un Pokémon muerto. —Levantó su pie derecho, dejando que el polvo de su calcetín se esparciera—. ¿Esto te hace feliz? La respuesta de Ash fue simplemente quedarse mirando y seguir con la mirada el pie de Goh allá donde fuera. —Es extraño, pero no es tan loco —continuó Goh—. Juega con mis pies. No me importa. Al oír esas palabras, el pene de Ash comenzó a hincharse. Ver a Goh burlarse activamente de él moviendo los dedos en calcetines era surrealista. Y, sin embargo, su pene sólo podía crecer hasta un estado de semierección, ya que todavía quedaba otro asunto por resolver. Ash fijó sus ojos marrones en la única chica de la tienda. —Escúchame, Ash —suspiró Chloe—, no quieres ver mis pies así. —Claro que quiero. —Es que… Hace tiempo que no me hago la pedicura. —Jadeó cuando Ash se inclinó hacia ella, intentando echar un vistazo a sus plantas—. ¡Ya basta, Ash! Mis pies están llenos de callos. Y ahora su erección era tan dura que Goh soltó una carcajada. Una vez que señaló el bulto en los pantalones de su amigo, Chloe no podía creerlo. La descripción más desagradable de sus pies sólo alimentó la curiosidad de Ash. Podría haberle dicho que tenía pie de atleta, y él aún estaría ansioso por tocarlos. Al darse cuenta de que la única otra opción era destrozarle el corazón, lentamente desenroscó sus piernas. —No digas que no te lo advertí. Ash no perdió el tiempo y presionó sus labios contra los de Chloe. Casi hizo que se ahogara con su propia saliva, mientras le metía la lengua hasta el fondo de la boca. —Guau… —Goh no podía creer lo que veía. Sin embargo, una vez que Ash se apartó de una Chloe sin aliento, dirigió su atención hacia el chico más moreno. Sin dudarlo, saltó sobre él y empezó a invadirle la boca. Goh intentó resistirse de inmediato, pero rápidamente se vio impotente, pues su propia erección crecía mientras intercambiaba saliva con su amigo. Ash se levantó lentamente al cabo de diez segundos, sabiendo que, si se frotaba contra cualquiera de los dos por demasiado tiempo, llenaría sus calzones con una carga caliente. Esa carga tenía que ser mucho mayor para un evento tan especial como este. Ash se moría por oler los pies de sus amigos. Pero necesitaba escalar un poco para que la experiencia fuera más impactante. Agarró uno de los tenis de Goh y se lo acercó a la nariz. Al inhalar, soltó un gemido de gusto. —¿Huele bien? —se burló Goh, soltando una risita. —Es como estar en el paraíso. Aunque, la verdad, esperaba que apestaran un poco más. —Si yo fuera tan tonto como tú y los usara sin calcetines, acabarían oliendo bastante mal. Y mi madre se enfadaría mucho si se me ocurriera quitármelos dentro de la casa, así que soy feliz llevando calcetines. —Pues tu mamá no es nada divertida. A mi mamá le da igual que mis pies apesten. —¿Cómo dices? —Chloe ladeó la cabeza. —Dice que es una señal fantástica para saber que estoy en casa. —Lo que no te dice es que ella también tiene su propia obsesión con los pies y que tú lo heredaste —dijo Goh. —Puede ser. Le encanta masajearme los pies. —Ash le dio una última olfateada al tenis, inhalando todo el almizcle que pudo—. Muy bien, ahora vamos a ver qué aroma tienen los zapatos de Chloe. —Probablemente nada —respondió Goh—. ¿Qué tan mal pueden oler unas sandalias? —A ver… Chloe entrecerró los ojos a través de sus dedos mientras Ash se llevaba la sandalia a la nariz. Hizo una primera aspiración profunda, e inmediatamente un gemido dramático salió de sus labios. Comenzó a frotar su nariz por todas partes en ambas, concentrándose especialmente en la zona de los dedos, como si fuera mística. —¿Cuánto tiempo tienes con estas? —le preguntó a Chloe. —Menos de un año. —¡Tus pies son maravillosos! Quiero decir… —Los olfateó de nuevo—. Huelen como… como sudor, queso y nachos, todo en uno. —Dios mío —gimió ella—. Qué asco. —No, es hipnotizante. —Ash besó las sandalias antes de dejarlas caer—. ¡Ah, esperen! Me emocioné tanto que se me olvidó enseñarles algo. Goh y Chloe intercambiaron miradas perplejas mientras lo veían hurgar en su mochila, hasta que finalmente sacó un collar. Ya era raro ver un collar, pero el hecho de que éste tuviera dos correas los dejó aún más desconcertados. Ash se lo puso alrededor del cuello y se arrodilló, ofreciéndoles las correas cortas. —Me harían la noche si me trataran como a su esclavo. —No tienes ni la menor idea de lo mal que suena eso, ¿eh? —preguntó Chloe. —¿De verdad está mal si les estoy dando permiso? Quiero seguir sus órdenes. Y si realmente necesitan preguntarme algo, siempre pueden obligarme. Inmediatamente sintió que le tiraban del cuello en dirección a Goh. —¿A qué huelen mis pies? —gritó el chico, forzando la cara de Ash hacia sus calcetines. Para sorpresa de Ash, los calcetines de Goh tenían un hedor más intenso que sus tenis. Las sandalias de Chloe de repente tenían competencia. Era como si los calcetines no hubieran visto una lavadora en semanas. Ash soltó una risita antes de inhalar profundamente, emocionado de llenar sus pulmones con ese aire repugnante. Y una vez que Goh empezó a quitárselos, Ash sintió que su corazón daba un vuelco. Los pies de Goh eran irresistibles. Eran tan regordetes, sobre todo alrededor de las bolas, y el tono de piel único que sólo la gente de piel oscura poseía aumentaba la excitación de Ash; el contraste era impresionante. Una marca en el empeine derecho añadía una capa extra de encanto. A diferencia de Chloe, las uñas de Goh estaban recortadas; a pesar de unas pelusas de calcetín, estaban mejor cuidadas que las de ella, aunque el aroma no lo indicara. Ese olor… Era un embriagador almizcle juvenil y masculino que agradaba el corazón de Ash. Ser forzado a entrar en la tormenta de peste fue la mejor parte, ya que no tuvo más remedio que respirar el aroma caliente. —Huelen tan bien… —Huelen tan bien, ¿qué? —preguntó Goh, doblando los dedos. —Huelen tan bien, amo. Están casi demasiado sudorosos. —No parece que sea un problema para ti. —Movió sus dedos en la nariz de Ash—. ¿Mis pies están poniendo duro tu pequeño pito? —¡Goh! —exclamó Chloe. —Lo están —gimió Ash. —Oye, quiere ser un esclavo, así que voy a tratarlo como tal —le dijo Goh a su amiga sorprendida—. Mételo en tus pies. Déjale oler esas cosas. «Esto está muy mal», pensó ella. Armándose de valor, tiró de Ash en su dirección y atrajo su cara hacia sus plantas. Los pies blancos de Chloe no eran tan carnosos ni fuertes como los de Goh. Tenían una elegancia más esbelta, con los dedos más delgados. Lo que los hacía realmente únicos era lo naturales que se veían. Una fina capa de tierra se espolvoreó en sus plantas, sin dudar de llevar sus sandalias. Granos de arena y mugre se dispersaron por sus pies. Además, como ella había advertido, sus pies estaban llenos de callos. Manchas de sequedad eran prominentes en sus talones, e incluso algunos callos habían hecho su hogar en sus dedos gordos. A pesar de estas imperfecciones, Ash se enamoró. ¿Y qué si tenía callos? Por muy viles que sonaran esos términos, eran nada más que piel seca, un buen contraste con los pies jugosos de Goh. La textura más áspera ya se sentía emocionante contra su piel, e imaginó cómo sabrían deliciosos contra su lengua. El hedor de las sandalias era el mismo, pero la verdadera fuente era mucho más intensa. Los pies desprendían un inconfundible aroma a queso que hizo que la sangre de Ash latiera más rápido. Ella lo obligó a acercarse y forzó a respirar su esencia. Chloe tuvo que morderse el labio para no reír, sin saber si era la vergüenza o la sensación de cosquilleo lo que la volvía loca. —Amo tus pies, mi ama Chloe —gimió Ash, moviendo su nariz entre sus dedos. —¿Los amas? —Sí. Huelen a queso añejo y a ajo… —Suena como un Sandshrew hambriento —se rió Goh. Frotaba sus pies contra la parte posterior de la cabeza de Ash, empujándolo más profundo en los pies de Chloe. Chloe todavía procesaba todo lo que sucedía, mientras que Goh ya había aceptado su papel como el amo de Ash. Se agachó para observarlo mientras olía los pies de la chica de una manera tan obediente. Siempre que Ash tomaba un respiro profundo, Goh asentía con aprobación, mirando a Chloe para que ella diera una orden. Pero todo lo que él recibió a cambio fue una cara de asco. «Si quieres que algo se haga, tienes que hacerlo tú mismo», pensó el chico. —Abre la boca —dijo, apretando la oreja de Ash. Entonces insertó el pie derecho de Chloe en su boca abierta. La chica soltó un grito agudo de pánico, pero Goh no paró hasta que cuatro de sus cincos deditos se retorcían en su boca. Ash los lamió uno a uno, dejando que su lengua moviera entre ellos como un gusano. Dondequiera que Chloe tenía callos, sus pies eran muy salados; el sabor se volvió amargo. No obstante, continuaba atrayendo a Ash, sobre todo cuando se combinaba con las partículas de mugre. —Chúpale los dedos, perrito. —Goh le dio una bofetada a Ash—. ¡Más fuerte! Chloe apretó los dientes, encogiéndose de disgusto. Goh se sentó a su lado. —No seas una aguafiestas —susurró. —Esto es muy inapropiado. —¿Y? Es divertido. ¿Quién más te va a dejar que le mandes así? Todos tenemos un lado mandón. Deja de ser una bebé y déjalo brillar. Las cejas de Chloe bajaron en forma de V. Su agarre de la correa se tensó, jalando a Ash más cercana. De repente él se encontró asfixiándose con los cincos dedos de Chloe, mientras sus ojos llenos de ira nunca se desviaban de Goh. —Mejor —dijo él, besándola en la mejilla. —Ash, empieza a lamer los pies de Goh. —La voz de Chloe era firme, casi maternal en su severidad. —Como diga, ama. Goh observó con expectación cómo salía la lengua de Ash. Se movió de abajo arriba, recogiendo todo el sudor y la sal que quedaban en las plantas de Goh. Goh abrió bien los dedos de los pies para que Ash pudiera pescar la sal y la pelusa de los calcetines que se escondían entre ellos. —Sí, sí, lame toda esa mugre de mis dedos —gimió, provocando sin saberlo que la erección de Ash se pusiera aún más dura—. Toda esa mugre de mis calcetines. La mugre entre los dedos de Goh no era espesa, pero estaba llena de sabor. La combinación de pelusa de calcetín, sudor y suciedad natural de los pies era como una mezcla de pudín caliente para Ash. Cada vez que Goh movía los dedos y Ash podía escuchar la mugre, se encendía. «¡Su mugre es tan buena! Crujiente por fuera pero mantecosa por dentro». —Goh no es el único aquí —dijo Chloe, tirando de Ash en su dirección—. Lámeme desde los talones hasta los dedos. —Has aprendido —animó Goh. Lamer los pies de Chloe era como recorrer un camino de grava; la superficie abrasiva creaba un viaje lleno de baches para la lengua de Ash. Sin embargo, se empeñó en recoger cada grano de suciedad que se había acumulado en sus plantas. Y cuando se acercó a los dedos, un suave gemido escapó de sus labios. —Con cuidado —dijo ella, forzando sus dedos en su boca—. Chúpalos lentamente. Ash enrolló su lengua alrededor de cada dedito de Chloe a un ritmo de caracol. El chico gimoteó al sentir sus callos en su boca, pero no era un gimoteo de miedo o dolor. Nadaba en un lago de placer. La intensa presión de su lengua entre los dedos le calentó aún más la cara. Combinado con el hedor de su planta flotando hasta su nariz, estaba a punto de venirse en sus shorts. Chloe miraba asombrada, moviendo los dedos. «Es como si de repente no pudiera parar. ¿Por qué me pongo tan nerviosa? ¿Por qué estoy gimiendo?», se preguntó. Tenía los ojos entrecerrados y una leve sonrisa en la boca. Y cuando se dio cuenta de lo satisfecha que estaba, Goh le puso la mano entre las piernas. En lugar de apartarla, Chloe tiró de la mano hacia el interior de su entrepierna. —Ven aquí —le dijo Goh, jalándola para un beso. Mientras sus lenguas bailaban, Ash ahora alternaba entre lamer los pies de los dos. A veces le daba a los pies de Goh una buena lamida, y a veces eran los de Chloe los que recibían una lengua húmeda. Pero ni siquiera él podía concebir lo bien que se sentiría esto para sus amigos. Chloe clavaba las uñas en la piel de Goh, desesperada por más saliva en su garganta. Y mientras Goh soltaba un chorro caliente de ella en su boca, le acariciaba los senos. Un pensamiento aún más travieso se le ocurrió en ese momento. —Quítate la ropa, Ash. —¡Sí, amo! —Ash se expuso ante sus amigos. Los ojos de Chloe se abrieron de par en par al ver su verga saltar hacia delante, goteando líquido. —Ahora, ¿hay algo con lo que podamos vendarte los ojos? —Goh metió la mano en la bolsa de Ash—. Ah, qué suerte. La visión de Ash estaba ahora sumida en la oscuridad, y este pequeño detalle hizo que su pene se pusiera aún más firme. No sólo estaba atrapado con cuatro pies apestosos, sino que su control disminuía poco a poco. Los pies y sus dueños tenían ahora todo el poder. A la orden de Goh, se puso boca arriba, abriendo las piernas. —Trabajemos juntos —susurró Goh al oído de Chloe—. Tú ocúpate de su boca, y yo de su verga… —Te excita tocarle el pene más de lo que hubiera imaginado. —Lo dices como si fuera algo malo. —Yo… Absolutamente no. —Chloe tocó sus propios senos—. Sólo no te lo quedes todo para ti, por favor. Con un gesto de acuerdo entre ellos, el asalto a Ash había comenzado. Chloe se paró sobre su pecho. Usó los dedos para pellizcarle los pezones, haciendo que Ash soltara otro gemido. Cuanto más los apretaba, más gritaba el chico hasta que sus gritos de dolor se transformaron en jadeos estremecedores. —Lo siento mucho —dijo Chloe, usando un tono más profundo—. Los esclavos sucios no merecen ser tratados con dignidad. Forzó los dedos de su pie derecho en la boca de Ash, y él empezó a chuparlos. Incapaz de ver nada, sintió mejor la esencia del pie de Chloe. Podía olerlo mejor, percibiendo un poco de su saliva, pero sobre todo el hedor de un millón de quesos viejos. Sus pies eran como una lija en su lengua. Los sonidos de la saliva babosa entre los dedos eran más audibles ahora, mucho más fuertes que sus abundantes ahogos. Los cuatro dedos de Chloe penetraron en su boca, provocándole arcadas, y el dedo meñique no se quedó atrás. Con la chica apretando y separando los dedos de los pies, esparciendo la suciedad en la garganta de Ash, su boca estaba recibiendo un intenso entrenamiento. «Ooh… Acaba de deslizar el dedo meñique dentro… Vaya, Chloe. ¡A este paso me vas a romper toda la boca!». Pero su boca no era la única parte de su cuerpo bajo ataque. En el extremo opuesto, Goh se preparaba para entrar en acción. —¡Allá voy! —Pisoteó la verga de Ash, con los huevos del esclavo ahora bajo el talón regordete de Goh. Los dedos de Chloe impidieron que Ash gritara y, para su sorpresa, Goh no cejó en su empeño. El chico moreno pisoteó la verga de Ash repetidamente, a veces agarrando la punta con los dedos. —Sé que no estás quejándote cuando esto es lo que pediste —se burló, atrapando ahora la verga de Ash bajo sus dos talones. Luchaba por mover—. Chloe acaba de decirte que los esclavos no son dignos de ser tratados con respeto. Vas a dejar que estos pies encantadores y jóvenes hagan lo que quieran contigo. Por muy dolorido que estuviera Ash, especialmente cuando Goh tocó su glande hipersensible, el ataque de sus amigos le hizo subir aún más a las nubes. Ya fuera sintiendo su lengua contra los pies de Chloe o teniendo a Goh aplastando su pene como un juguete de goma, esa sensación de impotencia era mágica. Los ojos verdes de Chloe centellearon cuando miró hacia atrás para ver a Goh aplastando la carne. —¿Por qué no meneas tus dedos sobre su… su verga? —preguntó, relamiéndose. —¿Tocarla como un instrumento? —Goh rasgueó la punta del pene con sus dedos, haciendo que las piernas de Ash se movieran por todas partes—. Alguien debe estar arrepintiéndose de no haber traído lubricante, ¿eh? Caray, si sólo los esclavos no estuvieran descerebrados. —Chupa mis dedos. —Chloe sumergió su pie hacia atrás en la boca de Ash. Las mejillas de ella se volvieron aún más rojas mientras observaba el pene tembloroso de Ash. A pesar del extremo trato que Goh le daba, no estaba muy dañada. Simplemente estaba un poco deformada por la presión que sus carnosos talones habían aplicado sobre ella. Chloe no tenía en su corazón causarle un verdadero dolor a Ash, pero si un poquito de dolor estaba haciendo crecer tanto su pene, no debía sentirse mal por desear jugar con él. —¿Listo para cambiar? —le preguntó a Goh, retirando su pie empapado en saliva de los labios de Ash. —Sí, quiero que me chupe los pies otra vez. —Intercambiaron otro beso mientras cambiaban de posición—. Ábrete bien, maricón. Ash jadeó. A pesar de que Chloe era más débil que Goh, estaba ejerciendo más presión sobre su verga que él. Entonces, cuando los dedos consiguieron agarrar la verga, se desató el infierno. Los enroscó repetidamente como una brujita. El glande de Ash sufría cuando Chloe lo deslizaba entre sus dedos, cuya áspera textura estimulaba el pene más allá de lo que Ash era capaz de soportar. Sus aullidos se hicieron más frecuentes, pero en el rostro de Chloe permanecía una sonrisa. —Sé que te gusta —bromeó ella. Le hurgó la uretra con la uña del pie—. Dale las gracias a tus amos por permitirte estar en presencia de sus pies. —Ya la escuchaste, imbécil —añadió Goh, abofeteando a Ash con su pie mojado. —Gracias, mis amos, ¡por permitirme estar cerca de sus divinos pies! —Ash plantó un beso en la planta de Goh—. Este honor no lo merezco. —Nunca se han dicho palabras más ciertas —rió Chloe. Luego frotó su pie contra la verga de Ash como si estuviera limpiando sus pies sucios en una alfombra antes de entrar en casa. Pasaron unos minutos más. Las dos entrenadoras Pokémon adolescentes habían hecho tal destrozo en los genitales de Ash que aún no había soltado ningún chorro de semen. Ni siquiera una gota. Ahora que sabía lo que hacía vibrar su cuerpo, una sonrisa ladina se dibujó en el rostro de Goh. Llevó a Chloe a un lado y se sentaron ambos. Por primera vez en toda la noche, Ash tuvo un momento para recuperar el aliento. Se sacudía, pues su rostro ahora olía a pies y nada más. —Antes de hacer que se venga, deberíamos acabar primero —susurró Goh. Luego se quitó los pantalones, revelando a Chloe sus calzones manchados. Salió su oscuro y carnoso pene, uno que hacía que el de Ash pareciera el de un niño. Riéndose, Goh se arrastró hasta el chico y se subió encima de él. —Como aún no has sido un esclavo malo, Chloe y yo hemos decidido que te dejaremos venirte, ¿entiendes? —Sí, amo. —Pero antes de que eso suceda, es tu trabajo hacer que ambos nos vengamos. Yo seré el primero. —Goh empujó su pene contra los labios de Ash hasta que él los abrió. Ash emitió un sonido de asombro al darse cuenta de la profundidad que alcanzaba la verga de Goh en su boca. Llegó tan adentro que Ash tuvo arcadas. Pero Goh se negó a mostrar piedad, simplemente moviendo las caderas mientras Ash no podía hacer nada. Goh gimió, especialmente al sentir la lengua de Ash acariciando su verga como lo había hecho con sus dedos. Le tomó dos minutos a Goh explotar y disparar su semen por la garganta de Ash. Llegó en siete chorros, y cuando lo hizo, sus pies se curvaron como locos. Ver toda esta escena desplegarse endureció los pezones de Chloe diez veces más. —Trágatelo todo —jadeó Goh, con los dedos jugueteando con el pelo de Ash. Después de unos segundos más de que Ash le chupara la verga como si fuera un batido, Goh se quedó sin aliento. Y cuando miró hacia atrás, Chloe ya se había desnudado por completo. Respiró hondo y se sentó sobre la cara de Ash, forzándolo a comerse su concha mojada. Ash lo lamió rápidamente, sin darse cuenta de que babeaba en el clítoris una y otra vez. Ella golpeaba el suelo, gimoteando mientras sus piernas se convertían en gelatina. Escurrían sus jugos por sus muslos, pero otros iban directamente a la boca de Ash. —¡Me vengo! Sí, sí, ah… —Su respiración se intensificó, y su coleta voló por todas partes—. ¡Ay! ¡Bésala! ¡Así es! Ash plantó varios besos en su concha antes de que ella lo frotara por toda su cara y se levantara. Ella tropezó, cayendo directamente en los brazos de Goh, quien sólo pudo reírse. —Eso fue emocionante —dijo él—. ¿Estás lista para acabar con esto? —No creo que lo esté. —Vamos, Chloe. Guíanos. Tú puedes. —De acuerdo. Esclavo, ambos queremos que nos limpies los pies otra vez. ¿Me has entendido? —Como desee, mi ama… —Entonces que empiece el espectáculo —dijo Goh, tomando la mano de Chloe. Se sentaron junto a la entrepierna de Ash; Chloe estaba a su izquierda mientras que Goh estaba a su derecha. Sus pies descansaban en su pecho, y estaban lo suficientemente cerca como para que Ash pudiera levantar la cabeza y hacer lo que se le antojara. Y eso fue exactamente lo que hizo. Empezó a lamer sus pies como una bestia, sin tener ya ni idea de si estaba lamiendo los de Chloe o los de Goh. La única indicación era la diferencia en el olor, con Goh oliendo un poco más a vinagre, mientras que Chloe olía a queso mohoso. Lo que no pudo anticipar fue lo que le volvería a pasar a su verga. Dos bocas. Dos bocas lamían la verga de Ash por ambos lados. Chloe se enfocaba principalmente en el glande mientras que Goh chupaba el mango. Ash dejó escapar varios gemidos más, sintiéndose tan agotado por adorar sus pies durante tanto tiempo. Pero sabía que, si aguanta, el premio valdría la pena. Al estar él mismo sin cortar, Goh ya tenía una idea de cómo satisfacer a Ash. Retiró el prepucio para que asomara todo el glande, y luego su lengua lo acarició suavemente antes de descender al mango. Una vez allí, besó el pene repetidamente, y luego hundió la cara en la verga. Algo en el olor era tan embriagador para el chico. Permaneció allí durante unos segundos antes de lamer las bolas de Ash y volver a chupar el pene. —Esto es tan bueno —gimió. —Dímelo a mí. —La lengua de Chloe hizo cosquillas a la abertura del glande. Cuando Goh se detuvo para tomarse un respiro, ella mejoró la experiencia chupando por completo la verga de Ash. Sus delicados dedos acariciaban el tronco mientras subía y bajaba sobre el miembro del chico. Juntos abofetearon la cara de Ash con los pies, exigiendo más lamidas y olisqueos. —Sabes, la parte que huele peor definitivamente está justo aquí —gimió Chloe, retorciendo la nariz de Ash entre sus dedos—. ¡Huele bien entre mis dedos! «Apestan tanto», pensó Ash, apretando los puños. Cada inhalación lo acercaba más al clímax. Luego Goh apartó el pie de Chloe de una patada, abriéndole camino a su dedo gordo para retorcerse en la boca de Ash. —¡Mejor empieza a chupar mis dedos como si fueran piruletas! ¡Chúpalos con fuerza, esclavo! Los ojos de Ash se arrugaron. Ahora los cinco dedos salados de Goh lo estaban asfixiando de nuevo. —Huéleme los pies, tonto —ordenó el chico dominante. —No, huele mis pies —insistió Chloe—. ¡Mis pies muy malolientes! Dejando escapar un sonoro grito, Ash se inclinó hacia delante y aplastó la nariz contra las plantas de Chloe mientras la de Goh descansaba a un lado de su cara. Aspiró rápidamente y luego sorprendió a los otros adolescentes con un géiser de semen. La primera descarga fue tan alta que aterrizó en el pelo de Goh, y ahora era una competencia entre los dos para ver quién podía comer más semen. Chloe se apresuró a lamerlo a medida que salía a chorros de la verga de Ash, pero la lengua de Goh corrió hacia la suya varias veces para saborear la pegajosa semilla para sí mismo. El líquido era salado con un toque dulce, y Chloe no pudo evitar soltar una carcajada cuando le cayó en la frente. —¿Eso es lo caliente que se supone que debe ser? —se preguntó en voz alta, lamiéndoselo de las manos. —¡Todavía se está viniendo! —Goh se quedó boquiabierto. Ash había expulsado semen en diez chorros, y el undécimo había vuelto blancas las lenguas de Goh y Chloe. La verga de Ash se crispó, quedando lentamente flácida mientras permanecía atrapado bajo los cuatro pies. Parecía que había muerto en el acto. Apenas movió un músculo hasta que la luz volvió a entrar en su mundo. —Estoy un poco molesto de que al final escogieras oler los pies de Chloe en vez de los míos —dijo Goh, haciendo un puchero juguetón—. Y yo que pensaba que teníamos algo especial. —Fue una decisión difícil… —Ash jadeó al sentir una lengua en sus pelotas. —Bueno, todo tu semen está dentro de nosotros —dijo Chloe, recuperando su tono más maduro—. Es probable que ya sea muy tarde para regresar al pueblo caminado, así que lo mejor será prender una fogata. —Más te vale que ese saco de dormir sea lo suficientemente espacioso para tres, Ash —añadió Goh. —Pues… Una vez dormidos, Goh y Chloe se encontraron en la izquierda y derecha del saco de dormir. Entre ellos estaba Ash, aunque su cabeza no se veía por ningún lado. En cambio, Goh y Chloe no hacían más que toparse accidentalmente con los pies de Ash. Su cabeza, bien metida en lo profundo del saco, estaba ocupada poniéndose cómoda con sus pies calientes. Había chupado tanto los pies de Chloe que sus callos casi desaparecieron. Y los pies de Goh goteaban tanta saliva que estaban viscosos. «Espero que eventualmente haya otra noche así». Ash suspiró, contento. «Los quiero». ---------- Nota del autor: No creo que ésta sea una de mis mejores historias, pero fue una de las más excitantes de hacer. A veces resulta difícil escribir una historia de adoración de pies con más de dos personajes. Pero la dinámica entre Goh y Chloe fue muy excitante. Además, fue genial no limitarme a la adoración, sino explorar otras acciones. Los momentos en que Chloe pisotea la verga de Ash y que ella y Goh se la lamen me hicieron sonrojar. Si te ha gustado, quisiera saber por qué. Y también me gustaría saber los pies de quién prefieres adorar: Goh o Chloe. Es duro, pero los callos de Chloe añaden una textura que es intrigante. |